Querid@ herman@ no se como has "tropezado" con esta web de "reflexiones de un cura inquieto", pero me alegro.
Esta web es un espacio donde este presbítero diocesano quiere compartir vivencias, pensamientos, reflexiones, homilías y colaboraciones de todo tipo...

No hago teología "de libro" sino teología encarnada en la pastoral desde las claves de la ternura y misericordia como nos lo propone el bueno de nuestro Papa Francisco. Creo en el Dios de Jesús, en la iglesia como comunidad de hermanos y casa de acogida. Escogí como lema de ordenación aquello que dijo San Juan Bosco al final de su vida cuando elogiaban su obra; "Ella lo ha hecho todo".

Este proyecto surgió por el ánimo y el empuje de varias personas que me animaron a lanzarme al ciber-espacio. En ese momento a mi enfermedad renal tenía que dedicarle 3 veces por semana 4 horas por sesión a la hemodiálisis... Es por ello que en esas horas me daba mucho tiempo para rezar, escribir y reflexionar. Y les dije que adelante con la web. El 4 de agosto del 2016, recibí el anhelado trasplante de riñón; ahora dedico ese tiempo a este apostolado pero sin ataduras hospitalarias.

Llevo una parroquia en Irún (diócesis de San Sebastián), una capellanía de religiosas, y colaboro en otras, sirvo en la consiliaria del movimiento de Cursillos de Cristiandad y colaboro en la pastoral de Migrantes en mi zona. Mi pertenencia a la Orden de Predicadores por medio de la Fraternidad Sacerdotal de Santo Domingo, me hace estar siempre al servicio de la Palabra, por eso a menudo doy retiros y encuentros con religiosas y laicos.

Mis fuentes son la Sagrada Escritura, los sant@s y sobre todo el apostolado con pobres, enfermos, religios@s y todo lo que hago en nombre de Jesús de Nazaret... Aquí tienes un hermano para lo que necesitéis.

¡¡¡Bienvenido; esta es tu casa!!!
Iñaki Benito - Pbro.
A.M.D.G.

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  • Postado Por : Reflexiones de un cura inquieto sábado, 28 de enero de 2017

    No son una paradoja: las bienaventuranzas son una locura.
    ¿Cómo decir al que no tiene trabajo y tiene hijos: “dichosos los pobres”? ¿Cómo decir al pueblo de los excluidos: “dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia”? ¿Cómo decir a las víctimas: “dichosos vosotros cuando os insulten, y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa”?
    Tal vez, si quieres evitar que las palabras sepan a burla, ironía u ofensa, más que preguntar cómo se puede decir, te convenga preguntar quién lo puede decir. Observarás que lo dice un pobre a los pobres, un excluido a los excluidos, una víctima a las víctimas; observarás que lo dice el que se hizo pobre por los pobres, el que bajó a tu pobreza por ti, para hacerte justicia, para enriquecerte con su pobreza.
    Sólo si consideras quién dice las bienaventuranzas, empezarás a intuir por qué las dice, se te revelará el misterio de gracia que encierran, te acercarás a la verdad que anula el sarcasmo y llena de luz el corazón de los pobres.
    Oíste que lo decía el profeta: “Dejaré en medio de ti un pueblo pobre y humilde, que confiará en el nombre del Señor”. Lo oíste y te preguntaste por ese pueblo, y a tu corazón subió la memoria de Jesús, pues de él se puede decir con toda verdad, que Dios lo dejó en medio de nosotros, pobre más que nosotros, humilde como creyente, y confiado como hijo.
    Y empezaste a pronunciar las bienaventuranzas admirado de su luz, de su gracia, de su verdad: Dichoso este hijo pobre y humilde, porque suyo es el Reino de los cielos; dichoso este hambriento de justicia, porque quedará saciado; dichoso este excluido, porque el Reino le pertenece… dichoso tú, Jesús, porque Dios es tu Padre y cuida de ti.
    Ya sé que el profeta habla de “un pueblo” y no de una persona. Pero no podrás entender la bienaventuranza del pueblo, si no entiendes el misterio que se te revela en la persona de Jesús. “Pueblo pobre y humilde que confía en el Señor” es el pueblo en el que Cristo se reconoce a sí mismo, conforme a lo que se nos ha manifestado: “Tuve hambre, tuve sed, fui forastero, estuve enfermo, estuve en la cárcel”, me negaron un trabajo, me desahuciaron, me violaron en los caminos, temblé de frío en las fronteras, con vallas y cuchillas me apartaron de mi futuro, me sacrificaron sobre el altar de las garantías con que ha de ser protegido el dinero y no el hombre.  “Pueblo pobre y humilde que confía en el Señor” es el pueblo de los que se parecen a Cristo Jesús.
    Hoy comulgamos con él, que es como decir que hoy comulgamos con  su pobreza, lo seguimos humildes, aprendemos su confianza en el amor del Padre. Hoy comulgamos para ser con Cristo el pueblo de las bienaventuranzas.

    Feliz domingo.

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  • IÑAKI BENITO - Pbro. Traducido Por: Daniel Chipana M. - Designed by Daniel Chipana M.