Querid@ herman@ no se como has "tropezado" con esta web de "reflexiones de un cura inquieto", pero me alegro.
Esta web es un espacio donde este presbítero diocesano quiere compartir vivencias, pensamientos, reflexiones, homilías y colaboraciones de todo tipo...

No hago teología "de libro" sino teología encarnada en la pastoral desde las claves de la ternura y misericordia como nos lo propone el bueno de nuestro Papa Francisco. Creo en el Dios de Jesús, en la iglesia como comunidad de hermanos y casa de acogida. Escogí como lema de ordenación aquello que dijo San Juan Bosco al final de su vida cuando elogiaban su obra; "Ella lo ha hecho todo".

Este proyecto surgió por el ánimo y el empuje de varias personas que me animaron a lanzarme al ciber-espacio. En ese momento a mi enfermedad renal tenía que dedicarle 3 veces por semana 4 horas por sesión a la hemodiálisis... Es por ello que en esas horas me daba mucho tiempo para rezar, escribir y reflexionar. Y les dije que adelante con la web. El 4 de agosto del 2016, recibí el anhelado trasplante de riñón; ahora dedico ese tiempo a este apostolado pero sin ataduras hospitalarias.

Llevo una parroquia en Irún (diócesis de San Sebastián), una capellanía de religiosas, y colaboro en otras, sirvo en la consiliaria del movimiento de Cursillos de Cristiandad y colaboro en la pastoral de Migrantes en mi zona. Mi pertenencia a la Orden de Predicadores por medio de la Fraternidad Sacerdotal de Santo Domingo, me hace estar siempre al servicio de la Palabra, por eso a menudo doy retiros y encuentros con religiosas y laicos.

Mis fuentes son la Sagrada Escritura, los sant@s y sobre todo el apostolado con pobres, enfermos, religios@s y todo lo que hago en nombre de Jesús de Nazaret... Aquí tienes un hermano para lo que necesitéis.

¡¡¡Bienvenido; esta es tu casa!!!
Iñaki Benito - Pbro.
A.M.D.G.

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  • Postado Por : Reflexiones de un cura inquieto sábado, 5 de marzo de 2016

    El papa Francisco firmó el decreto que autoriza la canonización del beato sevillano Manuel González García (1877-1940), quien fuera obispo de Málaga y de Palencia y que fue beatificado por san Juan Pablo II el 29 de abril del 2011. El nuevo santo, que tuvo que abandonar la ciudad de Málaga por la persecución religiosa en España durante la II República, es conocido como el apóstol de los Sagrarios Abandonados.
    El beato Manuel González nació en Sevilla el 25 de febrero de 1877. Fue bautizado seis días después en la parroquia de San Bartolomé y de San Esteban. Recibió la Primera Comunión el día 11 de mayo de 1886, y el sacramento de la Confirmación, el 5 de diciembre del mismo año. Cuando tenía doce años, en octubre de 1889, ingresa en el Seminario menor. El 21 de septiembre de 1901 recibió la ordenación sacerdotal de manos de su arzobispo, el beato Marcelo Spínola.
    A finales de 1915 es preconizado obispo auxiliar de Málaga. El 16 de enero de 1916 fue consagrado obispo en la catedral de Sevilla. Y el 25 de febrero entró en Málaga. El 22 de noviembre de 1920, Benedicto XV le nombra obispo residencial de la diócesis malacitana. En la sede andaluza vive el drama de la persecución religiosa en España en tiempos de la II República, llegando a ser expulsado de la ciudad y teniendo que refugiarse en Gibraltar. El 5 de agosto de 1935, Pío XI le nombra obispo de Palencia, donde fallece, en olor de santidad, el 4 de enero de 1940.
    Las virtudes de Don Manuel llevaron a San Juan Pablo II, Papa, a declarle Venerable el 6 de marzo de 1998. Fue beatificado el 29 de abril de 2001.
    Fue sacerdote, obispo, fundador de la Unión Eucarística Reparadora y de la congregación religiosa de Misioneras Eucarísticas de Nazaret, catequista, escritor, heraldo y misionero de la Eucaristía. De su pasión por la Eucaristía toma precisamente su título más glorioso: Apóstol de los Sagrarios Abandonados.
    Esas son las palabras escritas por Mons. González García para el epitafio de su sepulcro.
    Pido ser enterrado junto a un Sagrario, para que mis huesos, después de muerto, como mi lengua y mi pluma en vida, estén diciendo a los que pasen: ¡Ahí está Jesús! ¡Ahí está! ¡No dejadle abandonado! Madre Inmaculada, San Juan, Santas Marías, llevad mi alma a la compañía eterna del Corazón de Jesús en el cielo.

    Y esta su oración a María Inmaculada:

    ¡MADRE Inmaculada! ¡Que no nos cansemos! ¡Madre nuestra! ¡Una petición! ¡Que no nos cansemos! Si, aunque el desaliento por el poco fruto o por la ingratitud nos asalte, aunque la flaqueza nos ablande, aunque el furor del enemigo nos persiga y nos calumnie, aunque nos falten el dinero y los auxilios humanos, aunque vinieran al suelo nuestras obras y tuviéramos que empezar de nuevo… ¡Madre querida!… ¡Que no nos cansemos!
    Firmes, decididos, alentados, sonrientes siempre, con los ojos de la cara fijos en el prójimo y en sus necesidades, para socorrerlos, y con los ojos del alma fijos en el Corazón de Jesús, que está en el Sagrario, ocupemos nuestro puesto, el que a cada uno nos ha señalado Dios.
    ¡Nada de volver la cara atrás! ¡Nada de cruzarse de brazos! ¡Nada de estériles lamentos!. Mientras nos quede una gota de sangre que derramar, unas monedas que repartir, un poco de energía que gastar, una palabra que decir, un aliento de nuestro corazón, un poco de fuerza de nuestras manos o en nuestros pies, que pueden servir para dar gloria a Él y a Tí, y para hacer un poco de bien a nuestros hermanos...

    ¡Madre mía, por última vez! ¡Morir, antes que cansarnos!

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  • IÑAKI BENITO - Pbro. Traducido Por: Daniel Chipana M. - Designed by Daniel Chipana M.